EL AMOR COMO RAÍZ

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Cómo construir la seguridad emocional  que nuestro hijos necesitan.

A menudo confundimos el amor con la intención. Creemos que porque daríamos la vida por nuestros hijos o porque  trabajamos jornadas inagotables para darles lo mejor, el amor ya esta cumpliendo su función.

Nos equivocamos. La realidad es cruda: para un niño, el amor que no se ve, no se toca y no se predice, simplemente no existe.

El amor en la infancia no es concepto romántico; es una necesidad biológica de seguridad. Si queremos que nuestros hijos desarrollen una raíz profunda que les permita volar mañana, nuestro amor tiene que ser mas que un sentimiento; debe ser una estructura visible, palpable y coherente.

1.QUE SEA VISIBLE (La mirada que reconoce)

¿Qué ve nuestro hijo cuando nos mira? ¿Ve a un adulto estresado pegado a una pantalla o ve ojos que se iluminan al ver su presencia?. El amor es visible cuando dejamos de evaluar el rendimiento y empezamos a validar la existencia. Si solo les prestamos atención cuando brillan o cuando molestan, no estamos amando su raíz, estamos amando su utilidad.

2.Que sea Palpable (El cuerpo como refugio)

El sistema nervioso de un niño/a  no se regula solo; necesita el nuestro. El amor es palpable en el contacto físico, especialmente cuando el niño/a esta en caos. Sostener a un  hijo en un berrinche, sin gritos, sin juicios, es la forma mas alta de amor incondicional. Es decirle a tu cuerpo: “Tu tormenta no puede con mi calma”.

3.Que sea Coherente (El suelo no el clima)

La mayor tragedia de la autoestima es nuestra propia arbitrariedad. Si un día reímos una travesura y al día siguiente lo castigamos porque tuvimos un día difícil, estamos construyendo una raíz de arena. La coherencia significa que nuestro amor debe ser el suelo (firme y predecible), no el clima (variable según nuestro humor o cansancio).

La verdad que nos toca enfrentar :No podemos dar ese amor sino trabajamos en nuestras propias emociones. Hablamos de esto porque el éxito externo suele ser el refugio perfecto para evitar nuestra vulnerabilidad interna.

Sino nuestro hogar es un caos a pesar de nuestra capacidad liderazgo, es hora de dejar de gestionar y empezar lo que sentimos. El “vuelo” de nuestro hijos depende de la solidez de esa raíz que solo nosotros, con un compromiso real y consciente, podemos construir hoy.

Cuando logramos ofrecer ese amor que abraza, que escucha, que valida y enseña sin humillar, estamos construyendo mucho más que una buena relación ; estamos dándole seguridad. 

El niño/a que recibe este amor real forma una visión del mundo que se convierte en su mayor fortaleza. “Yo soy digno de ser amado”.

Esa es la raíz esencial que le permitirá, el día de mañana, emprender cualquier vuelo de que la certeza  de que su valor es innegociable.